domingo, 25 de septiembre de 2011

EL ÁRBOL DE LA VIDA



Por: Pilar Alberdi

Decepcionante. Este es la palabra que mejor define la sensación que me dejó una película que poco a poco me fue abandonando en la butaca, y si no me levanté y me fui de la sala dando bostezos, fue simplemente porque soy perseverante y esperaba ver aquello que las críticas anunciaban. Sin embargo, no he podido conectar con la historia y, de algún modo, me he sentido defraudada.
Si el tema es la violencia de un padre sobre sus hijos incurre en un error en el que también caen los escritores jóvenes, la creencia de que "los malos", por llamarlos de algún modo, se arrepienten de la manera más inexpliclable en algún momento.
El guión y la dirección es de Terrence Malick. La música de Alexandre Desplat. La fotografía de Emnanuel Lubezki. El reparto está formado por Brad Pitt, Jessica Chaslain, Hunter MacCracker, Sean Penn, Fiona Shaw, Crystal Mantecon, Pell James, Joanna Going, Kari Matchet y Micheel Slowes.
Se ha hablado de arte, incluso de poesía... Yo no dudo que esta película tenga mucho trabajo.Sin embargo, lo que yo espero de una película es que me atrape,que me cuente una historia, y no que me distraiga con una imagen, con otra; con una música o con pensamientos diversos sobre el sentido de la película el argumento o el tema. Lo dicho.

lunes, 15 de agosto de 2011

EL ORIGEN DEL PLANETA DE LOS SIMIOS



Por: Pilar Alberdi

A veces se tiene la extraña idea de que a una gran mayoría de personas no les interesa la Ciencia Ficción, pero es seguro que han visto numerosas películas de este género, entre ellas El planeta de los simios (1968) de la que esta nueva versión, pretende ser un antecedente que explique el inicio de lo que sucedió más tarde.

En medio de estas dos películas ha habido otros títulos relacionados: Regreso al planeta de los simios (1970), Huida del planeta de los simios (1971), La rebelión de los simios (1972), La conquista del planeta de los simios (1973), y la reciente El planeta de los simios (2001).

Pero hablemos de El origen del planeta de los simios dirigida por Rupert Wyatt con guión de Rick Jaffa y Amanda Silver. Y con un elenco de actores formado por James Franco, Andy Serkis, Freida Pinto, Brian Cox, John Liggan, Tom Felton... Me gustaría comentar que la historia original es del escritor francés Pierre Boullar (1912-1994) quien también escribió otra interesante novela, El puente sobre el río Kwai, que dirigió David Lean.

El origen del planeta de los simios llegó a las salas con una crítica muy favorable. Y es verdad que la merece, porque los efectos especiales consiguen resultados admirables, tras lo cual nos cuesta creer que César, el chimpance, no tenga ni un solo pelo verdadero, y esos ojos claros color de miel no sean los suyos, sino un resultado de la técnica gracias al modelo que sirvió para la caracterización, esa especial unión entre gestos y sentimientos del actor Andry Serkis.

La película nos muestra una posible génesis de lo que en su día conocimos como la historia de El planeta de los simios. En aquella, una nave que partía de la Tierra en un remoto futuro realiza un viaje en el tiempo hacia el pasado (1973) y se encuentra con aquel final tan poco estimulante donde los simios se habían hecho con el poder en el mundo y las personas eran utilizadas y cazadas como «animales», una gran sorpresa para el coronel George Taylor (Charlton Heston), jefe del grupo de astronautas al observar que sus congéneres no saben hablar mientras que los simios que se habían convertido en una sociedad altamente jerarquizada sí. De este modo la película que tenemos hoy en pantalla intenta mostrar cómo comenzaron los hechos. El estilo es el que ya nos tiene acostumbrados la cinematografía norteamericana para los films de acción.

Básicamente, la historia muestra un par de temas preocupantes como son las enfermedades degenerativas en las personas mayores (Alzehimer) y los desvelos de un hijo por mejorar las condiciones de vida de su padre, quien padece la enfermedad. Este hijo Jowel Dodman interpretado por James Franco es un joven científico que trabaja en un laboratorio farmacéutico donde se prueban fármacos en simios, antes de llevar estas prácticas a las personas aquejadas de enfermedades.

Más que el poder de represión de las fuerzas de seguridad sobre la rebelión de los simios, deberíamos hablar de las conductas de algunas personas. ¿Cómo reaccionan ante lo que sucede el dueño de un laboratorio farmacéutico, los accionistas, los empleados, incluso los responsables de un refugio para animales? ¿Cuál ha sido su actitud en cada caso? Y también ¿hasta qué punto podemos controlar la conducta de los animales que nos acompañan? ¿De qué modo no aparecerá en algún momento un instinto básico de libertad y supervivencia? ¿De qué modo organizan sus ideas, piensan, aprenden de las personas? ¿Qué terribles resultados podrían ser provocados con la manipulación de fármacos cuyas consecuencias a largo plazo desconocemos?

Con la contestación a estas y otras preguntas que, inevitablemente nos haremos, habremos aprendido algo más de nosotros mismos.

El final nos transmitirá una frase, que no por común dejará de afectarnos emocionalmente, y hasta nos provocará sorpresa que lo haga, pero las reacciones emotivas ya habían sido activadas en otras escenas y secuencias, y este final, era el que como espectadores necesitábamos para dejar atrás la historia.


Como tengo a uno de mis hijos estos días por San Francisco, me inclino a pensar que ha sido el instinto materno el que me ha hecho elegir, precisamente este fin de semana, esta película en donde el centro financiero, los barrios, el puente Golden Gate, y los parajes cercanos a la ciudad cobran un especial protagonismo.

Humanamente todos somos esos simios en nuestros deseos de justicia y respeto. Supongo, que es algo que nunca deberíamos olvidar.




miércoles, 3 de agosto de 2011

UN CUENTO CHINO



Por: Pilar Alberdi


¡Qué buen cine se hace en la Argentina! Pueden sentirse orgullosos. Si la semana pasada comentaba la película El hombre de al lado, las alabanzas que dije por aquella se repiten en ésta. Un cuento chino es una historia donde la cruel realidad tiene, por momentos, destellos fantásticos.

Impactante el comienzo, deslumbrante las interpretaciones de los artistas, excelente el guión y la dirección de Sebastián Borensztein, la fotografía... En fin, todo. El reparto formado por Ricardo Darín, Muriel Santa Ana, Huang Hung-Sheng Iván Romanelli, Javier Pinto, Vivian Jaber...

Pero ¿de qué trata esta historia? Trata de la vida un hombre que lo ha perdido todo o, acaso de algo más simple, de un hombre que ha perdido la esperanza de vivir, la alegría, y que se encuentra con otro que también lo ha perdido todo. En pleno Buenos Aires un encuentro casual entre un occidental y un oriental que no se entienden con palabras, cada uno anclado en su pasado frente a un camino que aún no saben van a recorrer juntos. A su alrededor la vida de un barrio, la gran ciudad, el conservadurismo, la soledad.

Al finalizar la película, mi acompañante y yo, seguíamos anclados en los asientos mirando sin ver pasar las letras de los créditos, y a nuestro alrededor, a la mayoría de los espectadores, les sucedía lo mismo. Sólo un par de parejas jóvenes se levantaron y salieron rápidamente mirando la hora en sus relojes y activando sus teléfonos móviles, llevados, quizá, por la prisa de otra cita. ¿Qué nos sucedió a los demás? Habíamos quedado atrapados en las vidas de Jung y de Roberto, sus conflictos y su posible resolución. Entre las cosas que me quedé pensando, fue que no recordaba que el cine español recogiese el encuentro con la cultura china. Llegada que se produjo antes que en Argentina y que se tradujo allí igual que aquí en numerosos comercios minoristas, mayoristas y en los populares restaurantes. Me quedé pensando que el cine español se hizo eco de la llegada de los inmigrantes marroquies y, en especial de hacerlo en pateras, poniendo en riesgo sus vidas. Por tanto, hay aquí un vacío sobre el encuentro chino-español pero también sobre otros encuentros culturales.

Es verdad, en Argentina, de niños decíamos de aquello que nos resultaba increíble: «¡Es un cuento chino!», pero para los espectadores que no conozcan este dato, el título tendrá referencias literarias, especialmente por lo que prometen las palabras y la escenografía, ese ambiente tan especial con el que da comienzo la película.

Esta historia nos permite comprender que nada es porque sí. Que el carácter que tenemos es producto de la vida que vivimos, y sobre todo, de la forma en que nos situamos y enfrentamos los sucesos del mundo cotidiano que nos ha tocado en suerte. Dos personas ante una misma situación no reaccionan de la misma manera. Y donde unos anticipan un problema, otros ven una oportunidad. Se puede decir más claro todavía, creemos que vamos por la vida con nuestro consciente, pero no es así, este nos sirve para razonar lo que hacemos, para justificarnos, es el que recibió las normas y las reglas, el que indica lo que está bien o mal según lo que cada cual aprendió, pero quien realmente impera en nuestra vida es nuestro inconsciente, y este está formado por aspectos de nuestro propio yo que nos resultan casi desconocidos, por pensamientos y comportamientos repetitivos difíciles de erradicar… Además, cuando se trata de culturas diferentes hace falta algo que se llama «tolerancia» y que incluye ponerse, al menos mental y sentimentalmente, en los zapatos del otro. ¿Quién es esa persona que tengo enfrente? ¿Qué hace solo en esta ciudad? ¿Qué país o que hechos de su vida dejó atrás? Indudablemente, esta serie de preguntas, ya incluyen un interés. Pero, a veces, el interés tarda en llegar… ¿Porque estamos demasiado encerrados en nosotros mismos? Quizá. Esto es lo que le pasa al protagonista. Y para poder ver al otro, para sentirlo y ayudarlo, tiene que ayudarse a sí mismo, tiene que hacer cambios difíciles pero no imposibles. O como se dice en la página oficial de la película: «Roberto es hosco. Roberto es ferretero. Roberto es rutinario. Roberto es coleccionista. Roberto es como es... hasta que…» Hasta que se encuentra con Jung, hasta que se atreve a mirar dentro del corazón del otro y de su propio corazón, hasta que descubre que la palabra chino es algo más que un estereotipo.

Así, mientras mi acompañante buscaba en su mente referencias cinematográficas a la película que acabábamos de ver («el tipo que va a comprar… ¿sabes a quién me recordó?, al tipo aquel de la librería en Nothing Hill, y la música, esos tonos, ese aire a…»). Y así, dando un repaso por una película y otra, por nombres importantes de la cinematografía, yo me quedé pensando en la fotografía, en ese aire setentero, en la Guerra de las Malvinas, en esa especial Buenos Aires, cuando de repente ya estábamos en la puerta de casa, y los dos llegábamos a la conclusión de que detrás de una gran comedia, siempre, siempre hay una tragedia.

Una noche de cine para recordar. ¡Qué buena película!

martes, 26 de julio de 2011

EL VECINO DE AL LADO



Por: Pilar Alberdi

Esta película de Mariano Cohn y Gastón Duprat obtuvo el premio a la Mejor Fotografía en el importante Festival de Sundance, y fue nominada a la mejor película hispanomericana en los Premios Goya de 2010.

La película nos trae el recuerdo de Alfred Hitchcock, por el tipo de escenas lentas, y también por su obra La ventana indiscreta, ya que una ventana centra el conflicto de dos vecinos y sus familias.

¿Diríamos por esto que la película trata de un conflicto solo entre vecinos? En principio sí, pero la historia nos muestra la división de clases sociales, sus diferencias culturales y económicas. Y con respecto al comportamiento ético, nos da qué para pensar varios días… Por un lado tenemos a Víctor, personaje representado por el actor Daniel Aráoz, quien se dedica a la compraventa de coches y repuestos, él es quien golpea la pared medianera que da a la casa de su vecino rico con el fin de hacer una ventana. Por otro lado está un arquitecto y diseñador de éxito de nombre Leandro, interpretado por el actor Rafael Spregelburd, quien se niega a permitirle al otro, lo que le pide: «esos rayitos de sol que a vos te sobran, Leandro».

Cada una de las partes asume el conflicto de una manera diferente. Víctor es el que lo provoca. Está presionado por su necesidad y porque cree que tiene el derecho a reclamar luz para su oscura vivienda. Es más, piensa que su vecino acabará cediendo y comprendiendo su actitud. Leonardo, por su parte, se siente condicionado por su posición social y por su mujer para solucionar urgentemente el tema. Mientras los hechos suceden, vemos cómo son las amistades y las familias de estas personas, qué tipo de relación mantienen con los suyos, y este dato nos aporta detalles reveladores sobre sus temperamentos, su honestidad o falsedad. De este modo, al final de la película, el avasallador Víctor, nos parecerá menos peligroso de lo que imaginábamos, y Leandro nos hará dudar de esa clase de seres que se sienten superiores porque su posición social se los permite.

Junto a estos protagonistas vemos a integrantes de una clase trabajadora de extracto social más bajo, representada en el albañil, un inmigrante que trabaja en la casa de Víctor, y en la asistenta que lo hace en la casa del arquitecto. En este último caso, el «mate» que se comparte en el desayuno, no evita que cada uno ocupe su lugar.

Si esta historia nos demuestra algo a nivel psicológico es que no todo es como parece, que no es bueno ni inteligente oír una sola campana, que lo que verdaderamente ocurre dentro de las familias es sólo conocido por sus protagonistas, que la sexualidad es esa fuerza poderosa que nos hace sentir vivos cada día, que la soledad y la distancia con la forma de ser y pensar de los padres puede ser dramática para una adolescente, y que la justicia en casos como este, de conflicto entre vecinos, tiene poco qué decir cuando es mejor intentar buscar una solución amigable.

Lo cierto es que frente a otro posible final, con el que quizá algunos espectadores como ha sido en mi caso, nos hubiésemos sentido más a gusto, en principio porque personalmente creo que las personas no cambian tan rápido como lo hacen en la película, los directores nos muestran otro bien diferente. Un acierto, por su parte, sin duda, porque días después aún seguimos pensando en esta historia.
Si me preguntan cuál es el final que yo hubiese esperado, lo diré claramente: el de Víctor reclamando hasta el último instante los rayos de sol que, según él, le pertenecían… Salvo por ese problemita, claro, el de la pared del vecino.

Una historia que merece verse. Una película que deja huella.

viernes, 1 de julio de 2011

CONFUCIO


Por: Pilar Alberdi

¿Quién fue K'ung-Fu-Tzu, aquél de quien el jesuita Matteo Ricci (1552-1610),primer introductor del cristianismo en China, tradujo su nombre para Occidente como Confucio(451-479 a.C)? La película no pretende desentrañar este misterio, pero a mi juicio logra acercar al personaje y mostrar una época injusta, no más terrible y cruel que muchas otras, en una sociedad estratificada, anclada en el respeto a las tradiciones y la obediencia al poder reinante.
Si sólo fuese este su propósito, ya me parece suficiente, porque quizá no habría, al menos por el momento, otro director o productora que quisiese abordar el tema que supone esta superproducción que, a veces, roza el documentalismo. Reconozco, sin embargo, que una mirada no china, no confucionista, quizá hubiese tomado otros aspectos del importante pensador que fue Confucio, cuya obra de recuperación de la tradicción cultural previa a su nacimiento, más su propio aporte y el de sus discípulos, quedó recogida para la posteridad en los Nueve Libros o Analectas.
Pensemos que fue un adelantado de la educación, ya que, aunque fiel a la idea de que quienes están debajo debían obedecer a los que estaban por encima, defendía una educación sin división de clases, porque consideraba que buenos gobernantes capaces de dar ejemplo con sus actos más la educación del pueblo, eran sinónimos de orden, progreso y paz.
La directora Hu Mei, cuenta para conseguir dar forma a esta historia con un reparto formado por Chow Yun Fat, Chen Daoming, Zhou Xun, Yao Lu, Zhang Kaili, Yao Lu, Jiao Huang, Chen Icaubin, Wagn Banq y Ren Quan.
Lo primero que nos permite comprender la historia narrada es cómo cierto tipo de ritos han pasado de una cultura a otra, quizás, desde los primeras migraciones de la humanidad como es el caso de los «esclavos funerarios» también presentes en otras culturas como las amerindias.
Psicológicamente, y este es el tema que nos ocupa, nos permite comprender que la mayor lucha que puede entablar una persona es dominarse a sí misma, y que el seguir una ética propia y la elección de mantenerse en los valores elegidos, exige un sacrificio muchas veces penoso.
Confucio, demuestra ser inteligente al utilizar las argucias y la fuerza de los poderosos contra ellos mismos. Como quien hace milagros gana una batalla contra miles de soldados antes de que comience. Los poderosos son astutos, pero él es sabio. Se anticipa, conoce bien a los hombres y sabe que actúan por interés propio, sin importar qué medios utilicen para conseguir los fines que se proponen. Los gobernantes lo necesitan, pero lo desprecian. ¿Por qué? Porque el consejo, la inteligencia y la coherencia de un hombre justo que puede favorecer el buen desempeño político de los gobernantes, exige sacrificios con relación al futuro del bienestar del pueblo, que ellos no están dispuestos a asumir. Por eso, los mismos que le niegan son los que lo envidian. Los mismos que lo empujan al destierro, serán los que imploren su regreso.
Lo que nos queda al final de la película es el destierro de un Confucio al que el poder de los corruptos convierte en un pobre más del pueblo, al que siguen unos pocos discípulos.
El desprecio de los poderosos, conlleva además, el desprecio del pueblo. ¿Puede haber algo más penoso de soportar por una persona de su calidad que ese desprecio conjunto? Aún así, seguirá enseñando y recogiendo en tablillas de madera pintadas a mano la cultura antigua, y dejando en ellas, también sus propias ideas.
De Confucio o del confucionismo son frases como las siguientes:
«Cometer un error y no corregirlo es cometer otro error».
«Cuando veas a un hombre bueno, trata de imitarlo, cuando veas a un hombre malo, reflexiona».
«No contestar a una palabra airada replicando con otra de igual tenor. Es la segunda respuesta, la que seguramente, os llevará al enfado».
«Exígete mucho a ti mismo y espera poco de los demás. Así te evitarás disgustos».
«Leer sin meditar es una ocupación inútil».
Me quedo con estas frases que representan fielmente al confucionismo. Yo no dudaría en recomendar esta película: es fuerte, no nos deja indiferentes, nos provoca tensión y angustia, y con el paso de los días no se olvida.

martes, 21 de junio de 2011



Por: Pilar Alberdi.

Dirigida por Duncan Jones y con guión de Billy Ray y Ben Ripley, la película mantiene el interés del espectador hasta el último minuto, final que me parece demasiado arreglado para satisfacer al público. Y, luego explicaré por qué.
El actor Jake Gyllenhaad es el capitán Colter Stevens. Cuando le vemos por primera vez en pantalla, está en algo que parece una nave y vestido con ropa de combate. Nos damos cuenta, además, de que está en peligro, y desorientado. Cuando las comunicaciones con la base comienzan, una pequeña pantalla en el interior de la nave nos ofrece la imagen de una oficial del ejército, que representa la actriz Vera Farmiga. Ella se limita a pedir al capitán que reporte. Él, por su parte, intenta saber qué está sucediendo. Ella vuelve a insistir, y él a desesperar. Recuerda un estallido de fuego como el producido por una bomba... Y antes de que pueda comprender, se le explica que cumple una misión y que debe volver al mismo sitio.
De este modo vuelve una y otra vez al momento en que va a explotar una bomba en un tren en marcha. En el vagón que viaja, y que es aquel en que alguien ha colocado la bomba, se encuentra con personas que no conoce pero que le conocen a él como la actriz Michelle Monoghan, que al parecer era su novia. Una chica lista y guapa por la que él no sentirá nada hasta un tiempo después.
Como si se tratase de la película Atrapado en el tiempo, seguramente la recuerdan, la del “día del castor”, en esa sucesión interminable de días iguales, desesperantes y repetidos que comienzan invariablemente con el sonido del reloj despertador, o como si volviésemos a ver la película Dèjá Vu, el pobre oficial se encuentra una y otra vez en un tren en los minutos previos a la explosión.
A cada regreso y nuevo contacto con la oficial de comunicaciones, consigue algo más de información. Él sabe que regresa, eso es evidente, pero intuye que fatalmente algo no se le ha explicado. Le explican que está ocupando una fase de memoria de tan sólo 8 minutos post mortem. Y que su participación en el proyecto militar implica averiguar quién puso la bomba, porque se teme un acto terrorista aún peor y que podría afectar a una ciudad.
Ciertamente sentimos pena de este pobre oficial que siempre quiso ser un héroe. La relación con su padre no fue buena y él carga con ese peso. Por eso, mientras desempeña la tarea encomendada, una y otra vez, intenta ponerse en contacto con su padre.
Mientras se le exige que cumpla con su deber, la oficial le promete que será liberado con la muerte al acabar la misma. Es lo que ha pedido el soldado. Sin embargo, los altos mandos no piensan lo mismo.
Psicológicamente hay varios temas muy interesantes. Se cumple el refrán que dice: «El roce hace al cariño» y el capitán Colter acabará enamorado de esa chica que tenía un novio en ese tren, justo antes de que estallase la bomba.
El otro drama lo interpreta la oficial de comunicaciones. Los jefes piensan que hay que seguir utilizando al capitán, podría seguir siendo valioso para otros casos... La promesa cae en el olvido, el éxito brilla en los ojos del oficial a cargo, pero la mujer va hacia el lugar donde está lo que queda del cuerpo del capitán Colter Stevens muerto en combate y toma una decisión.
Aunque la película siga aún un rato más por otros caminos especulativos, todo el peso moral de la misma está ahí: ¿se debe cumplir con lo que se prometió? ¿Lo que queda de un hombre, salvo esos 8 minutos de memoria posteriores a su muerte es una persona humana? Entonces si lo es, tendrá derechos. ¿Los tiene? ¿Siguen siendo suyos o alguien los administra por él?
De este modo se relacionan temas como la «obediencia a los superiores dentro de una cadena de mando», la eutanasia o el derecho a una muerte digna, de la que, seguramente, en un futuro próximo también oiremos hablar mucho. La película también está relacionada con las guerras en oriente, y con la amenaza del terrorismo internacional. Pero, especialmente, tiene que ver con la decisión que en un momento dado debe o no, tomar una persona.

viernes, 10 de junio de 2011

PEQUEÑAS MENTIRAS SIN IMPORTANCIA



Por: Pilar Alberdi.

Con guión y dirección de Guillaume Canet, la película cuenta en el reparto con las actrices y actores: Francois Cluzet, Marion Cotillard, Benoît Magimel, Gilles Lellouche, Jean Dujard, Pascale Arbillot, Edouard Montoute, Valérie Bonneton, Laurent Lafitte, Anne Marivina, Louise Monot, Joes Dupuch, Hocine Merabet, Maxim Nucci, Mathieu Chedid, Nikita Lespinasse, Jeane Dupuch, Marc Maire, Neo Broca.

Como ven: un reparto coral. ¿Es comedia o drama? Como toda buena comedia, es un drama. Nos reímos de lo que nos causa una gran tensión, de aquello que desesperaría a cualquiera en caso de que estuviésemos en su lugar. Y ¿por qué nos reímos? ¿Es que somos tan malas personas? No. Nos reímos porque reír, es un reflejo que nos permite liberar la tensión acumulada. Y en ese sentido, la película está magníficamente lograda.

Aunque las generalizaciones nunca son justas... Podríamos decir que sólo con ver las imágenes de los rostros de los personajes uno ya sabe, que está ante una película europea o mediterránea. No se alarmen. Es sólo una opinión. Pero no podrán negarme que hay rostros del cine norteamericano totalmente inexpresivos, tipo máscara, y que si funcionan ante la cámara es por otras razones como, por ejemplo, un excelente guión, unos efectos especiales magistrales, y un largo, largo etcétera. Sabemos, además, que la teoría actoral dice que para la televisión y el cine se gesticula menos que para el teatro. De acuerdo. Pero lo que no se nos suele decir, es que todos vamos por la vida inexpresivamente. Y ¿por qué? Para que no se nos note demasiado lo que pensamos de nuestro jefe, de la compañera de trabajo, de nuestros parientes, o de la nueva parejita que alquiló el piso de arriba y nos despierta de madruga con salvajes gemidos susurrantes que nos desvelan... Evidentemente, la no gestualización nos salva de nuestros verdaderos pensamientos ante los demás. Por eso, cuando al día siguiente, nos encontramos con la parejita frente a la puerta del ascensor, somos capaces de saludarlos con una sonrisa.

El cine francés nos muestra un espectáculo grandioso como es el de: mostrar lo que la gente siente a través de los gestos de su rostro y de las palabras. Cualidades que se nos van perdiendo.Porque si no mostrar lo que uno siente gestualmente parece una buena estrategia de defensa o de neutralidad; no opinar, mucho más. Y así nos va. Luego no es extraño que, hace varias décadas, un interesante terapeuta como fue Vernon Howard, le preguntase a la gente: «¿Quién está viviendo su vida?» Oye, es verdad, piensa uno enseguida, ¿quién está viviendo mi vida?
Por cierto: ¿ya lo saben?

Pequeñas mentiras sin importancia es, sin duda, una película en la que todos los personajes, aún siendo muchos, son importantes. Pero veamos qué encontramos psicológicamente. Muchos temas, sin duda. El dueño del hotel compensa sus carencias en otros aspectos que no son el monetario, invitando de vacaciones y con todos los gastos pagados a sus amigos, todos ellos con menores recursos. Realmente es un nuevo rico, aislado y solitario, que teme la emotividad y sospecha de cualquier tema que pueda poner en duda su masculinidad, su trabajo o su familia. Freud opinaría que estos temas le vienen de la infancia... Como el maestro es él... Sobre este tema sólo apuntaré lo que vi en un cartel el otro día, cuando después de pasar un rato en la terraza de una cafetería, entré a los servicios. Dentro, el mensaje con la intención de mantenerlos limpios, mostraba un inodoro, y decía en la parte dedicada a los hombres:«Acérquense, es más corta de lo que piensan». La parte dedicada a las mujeres tenía el papel adhesivo rasgado. Y no soy capaz de imaginar lo que diría.

Otro tema importante en esta historia es lo que podemos observar en la conducta que muestran las y los jóvenes solteros de casi 40 años.
Comportarse como un adolescente que recién se estrena en la vida y peinar canas no casan bien. Y es que no es lo mismo alguien de 20, que alguien de 30 o que una persona de 40, aunque intenten vivir de forma parecida. Verán, el de 20 piensa que tiene toda la vida por delante; el de treinta al llegar a esta edad, comienza a tomar conciencia de que los años pasan; y el de casi 40 hace balance, y siente que se abre un abismo a sus pies, y capta que, acaso, no consiga lo que se había propuesto, si es que se había propuesto algo.
En muchos aspectos la película resulta un verdadero retrato de lo que sucede en nuestra sociedad: inestabilidad amorosa, deseo, temor al compromiso. Y vuelta a empezar.

Otra cuestión relevante, pero de la que no quiero ofrecerles demasiados detalles, es cómo la responsabilidad se diluye en el grupo. Seguro que no faltarán próximas películas a partir de las cuales podamos analizar ese tema.

Me gustó la música, ajustada a las situaciones. Reírse, les puedo asegurar que se van a reír cantidad con esta película. También derramarán alguna lagrimilla. Es verdad. Y se alegrarán de que los créditos del final de la película se prolonguen y se prolonguen sobre la pantalla como para darles el tiempo justo, para recuperarse antes de levantarse del asiento.

Por último, si pueden, no salgan del cine sin pensar en aquello de lo que habla la película: aceptamos las mentiras de los otros, a cambio de que acepten las nuestras. ¿Así de simple? Así de simple.
Después encontrarán mil ejemplos, y una sola verdad: aunque podamos engañar a los demás, nunca podremos engañarnos a nosotros mismos.